
Usted viene y me dice hola y yo me doy la vuelta sorprendido y le respondo hola sin reconocerlo por lo que usted me dice pero bueno no te acuerdas de mí y yo le digo claro claro que me acuerdo pero en realidad creo que no lo he visto en mi vida y entonces nos vamos a tomar yo un martini y usted ya no me acuerdo y pareciera que fuéramos amigos de toda la vida y pienso si realmente es verdad que nos conocemos de antes y yo esté equivocado quién sabe quizás de alguno de mis viajes o de alguna visita al dentista o del museo de Historia Natural e intento recordar pero no consigo ubicarle y me pongo nervioso no porque no lo reconozca sino por el engaño que sin proponérmelo estoy cometiendo y entonces entorno los ojos y hago como que lo escucho pero en realidad estoy pensando en que el verano está acabándose porque tras las ventanas veo la lluvia mojando a la gente que ha salido de casa sin paraguas y me pregunto cuánto tiempo estará lloviendo mientras asiento con la cabeza y usted me sigue hablando y de buenas a primeras me pregunta ¿no crees? y lo le digo que sí que lo creo que es verdad no hay duda alguna y usted me dice que sí que dónde va a parar y yo reitero que claro que dónde va a parar y entonces usted dice claro hombre de aquí a Lima y yo me desligo de la conversación y me pongo a pensar en lo que usted me acaba de decir y encuentro que de aquí a Lima hay muchas cosas siempre teniendo en cuenta el aquí pues no es lo mismo lo que hay desde aquí a Lima que desde Londres a Lima o desde Tokio a Lima o por poner otro ejemplo desde Toronto a Lima pero desestimo todos los demás y me centro en lo que hay desde aquí a Lima y hay muchas muchas cosas unas más importantes que otras como por ejemplo un hongo pisoteado un hombre que se afeita sin un solo corte en la piel una mujer que se altera porque se le ha quemado el bizcocho envenenado una piedra otra piedra un asesino una periodista que estudia el caso un niño a punto de ahogarse una niña calva el viento un charquito turbio en una pequeña calle llamada Banhofstrasse que como su propio nombre indica es casi seguro que se encuentre en Alemania un hilo que pasa por el ojo de una aguja un perro atropellado un oso un anciano en una biblioteca una nube un granito de pimienta en el suelo de una cocina que no es la mía yo yo mismo yo aquí aquí con usted que me habla y habla y más allá otra mesa con una madre y su hijo que no hablan ni se miran aquí en este barrio de esta ciudad de este país de este continente tan lejano al continente americano donde se encuentra Lima y tantas tantas cosas que resulta imposible decirlas todas y mientras usted me habla le miro y pienso que no le conozco pero no le digo nada y vuelvo a asentir con la cabeza mientras usted me sigue hablando y sin saber por qué miro por la ventana y veo un cochecito que me recuerda a un vasito de yogur porque además de que es pequeñito tiene el techo de plexiglás y es redondito como una burbujita con ruedas y en ese momento me acuerdo de la primera vez que conduje un coche y me parecía que yo no me movía sino que los árboles de la acera retrocedían y entonces me asusté mucho mucho y seguí mirando por el retrovisor cómo los árboles se iban haciendo cada vez más pequeños y aparecían otros más grandes que a medida que se replegaban o al menos así me lo parecía a mí se hacían más y más pequeños hasta que absorto como estaba en las maravillas de la perspectiva atropellé a una rubia oxigenada con minifalda que según me dijeron después era muy muy guapa y madre de dos niños pequeños que juraron que cuando fueran mayores vengarían su muerte y vendrían por mí para matarme y yo me asusté mucho quizás demasiado y cambié de ciudad y de coche y de humor y sólo Dios supo que lo hice sin querer y es más ya que cumplida esta etapa tan amarga como necesaria mi vida cambió todo lo que una vida puede cambiar y me compre un pajarito mandón al que le gustaban los trocitos de manzana y se hacía el muertito cuando le faltaba agua hasta que lo mandé a Ginebra a casa de mi padre porque había llegado a mis oídos que a mi padre le dio por jugar con pistolas pulverizadoras y pensé que así el pajarito mandón tendría su agua y yo podría comerme las manzanas enteritas sin tener que darle ni una pizca y lo mejor de todo es que me di cuenta que podía vivir sin el pajarito mandón y me interesé por la política y la mendicidad hasta que me dieron por desaparecido según investigaciones periodísticas e incluso un día mi padre durante uno de sus exóticos viajes reconoció a un limosnero en plena Calcuta al que le faltaban las dos manos pero el pajarito mandón le dijo que no era yo y que no estaba dispuesto a perder más tiempo observando al hombre de los muñones porque le parecía obsceno seguir mirando cómo se le caían las monedas puesto que ni siquiera podía agarrarlas y que prefería saber cuáles eran los grandes momentos del siglo XX antes que seguir discutiendo si era o no era yo y mi padre obedeció al pajarito mandón y ya no supe más de él y lo más curioso no es eso sino que tuve que aguantarme y ahora que lo miro a usted estoy seguro que no lo he visto en mi vida y me pregunto si realmente ha acabado el verano porque no deja de llover y los días son más cortos pero más cortos son los telegramas donde por ejemplo podemos leer P. ha muerto ven pronto y pienso en la cantidad de cosas que hay de aquí a Lima mientras usted habla que te habla y yo sigo pensando pensando y pensando hasta que de pronto usted me dice que qué gusto haberse encontrado conmigo y yo le respondo que sí que qué gusto y usted me dice que tiene que marcharse porque se le ha hecho tarde y yo le digo adiós adiós y usted me dice adiós hasta otra y yo sigo pensando que no lo conozco y que no ha parado de hablar durante toda la tarde y no quiero volver a encontrármelo en toda mi vida lo conozca o no pues anda que no hay personas más agradables que usted y que hablen menos dónde va a parar de aquí a Lima.