Irresoluta se deslizaba por el sendero que conducía al páramo en donde siempre había vivido y donde esperaba encontrar a Libidinoso. Estaba contenta y no le importaba que la pudieran encerrar, pues que sea una asesina, no quiere decir que no tengo mi corazoncito, ¿verdad, mamá?, miraba al cielo. A partir de ahora, todo va a ser distinto en la vida de Irresoluta, que no puede ser tanta desgracia, que en alguna estadística tengo que encajar, por el amor de Dios. Y dejaré de ser atea, lo prometo. Por favor: que todo me salga bien, seguía arrastrándose hacia el páramo. Estaba cansada después de estar dos días enteros deslizándose, pero más cansada estoy de ser virgen, que a quien se lo cuente, no se lo cree. Si lo que yo digo… Si lo que ella dice: siempre hay un roto para un cosido. ¿O es un roto para un descosido? Yo ya no sé, no sé, lo único que sabe es que está contenta… ¡Qué contenta estoy! Ya le falta poco para llegar, y una rana atrevida la saluda sobre un nenúfar. Hola, le dice. Hola, le responde. ¿Cómo estás? Yo, muy bien, ¿y tú? Yo, también. E Irresoluta desenrolla su larga lengua hacia la impertinente sapilla y la engulle en un abrir y cerrar de ojos; que buena que está, es verdad que está muy bien, no mintió, no me ha mentido, no como mi ex amiga Dilema, que se ha pasado toda su vida mintiendo, sólo para hacer mal, para su bien y nada más. Irresoluta no quiere ni pensar en Dilema, porque se le hace mala sangre, y no quiere, que a partir de ahora, sólo va a pensar en cosas agradables, que ya está bien, se dice… ¿Cómo haría para encontrar a Libidinoso antes de que la encontraran a ella? Debía tener mucho cuidado, que de lo contrario me veo en la cárcel más sola que la una.
¿Hay alguien por ahí?, fue lo que preguntó, asustada, cuando vio cómo se movían unas mimosas cercanas. No vio a nadie, pero tenía que tomar precauciones. Siguió arrastrándose hasta que sintió un ruido detrás suyo; ¿hola?, preguntó, expectante. Hola, salió avergonzada de detrás de unas grandes adormideras su amiga Dilema, ¿qué tal?, sonrió, mientras aprovechaba y atrapaba un escarabajo que salía huyendo. La había estado siguiendo todo el camino, escondiéndose tras los arbustos, porque, ¿qué iba a hacer ella sola en la ciudad? Ahora mismo te vas por donde has venido, le dijo Irresoluta, que no quiero verte nunca más, ¿para qué vienes, para quitarme a Libidinoso? No se lo iba a permitir, que ya no era la misma de antes. ¿Qué cómo se me ocurre?, le preguntó Dilema. Porque te conozco, Dilema, te conozco, que Irresoluta no es tonta. Pero en aquel momento, Dilema se desliza rápida y adelanta a su amiga, y le dice que ella se va al páramo, que no tiene nada que perder, porque ella no ha matado a nadie, y que la recibirán como a una heroína, que es lo que soy, Irresoluta, porque yo te he ayudado mucho, y soy buena, que la mala eres tú, la asesina, que yo no he hecho nada, sólo ayudarte, porque tengo buen corazón, y…
… Y cuando Irresoluta llegó al páramo, toda la comunidad de jiracoleones estaba allí, esperándola. La miraban raro, o al menos, fue lo que pensó ella, que los ojos con qué me miran, me dan miedo, se preocupó. Y Dilema, desenrolló su cola apuntándola, diciendo: ahí la tenéis...
(FIN)